RUEGUEN POR NOSOTROS

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sábado, diciembre 07, 2019

AVE MARIA

El Avemaría resume, en la más concisa síntesis, toda la teología cristiana sobre la Santísima Virgen. En el Avemaría encontramos una alabanza y una invocación. La alabanza contiene cuanto constituye la verdadera grandeza de la Virgen María. La invocación contiene cuanto debemos pedirle y cuanto podemos alcanzar de su bondad.
La excelencia del Avemaría deriva:
de la Santísima Virgen, a quien fue dirigida;
de la finalidad de la Encarnación del Verbo, para la cual fue traída del cielo;
y del arcángel Gabriel, quien fue el primero en pronunciarla.
La Santísima Trinidad reveló la primera parte. Santa Isabel –iluminada por el Espíritu Santo– añadió la segunda, y la Iglesia –en el primer concilio de Éfeso (431)– sugirió la conclusión, después de condenar el error de Nestorio y definir que la Santísima Virgen es verdaderamente Madre de Dios. Ese concilio ordenó que se invocase a la Santísima Virgen bajo este glorioso título, con estas palabras: "Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte".
La salutación angélica contiene la fe y esperanza de los patriarcas, de los profetas y de los apóstoles. Es la constancia y fortaleza de los mártires, la ciencia de los doctores, la perseverancia de los confesores y la vida de los religiosos. Es el cántico nuevo de la ley de la gracia, la alegría de los ángeles y de los hombres y el terror y confusión de los demonios.



El Avemaría es uno de los cánticos más bellos que podemos entonar a la gloria del Altísimo: Te cantaré un cántico nuevo. La salutación angélica es precisamente el cántico nuevo que David predijo que se cantaría en la venida del Mesías. Alabamos a Dios Padre por haber amado tanto al mundo que le dio su Unigénito para salvarlo. Bendecimos a Dios Hijo por haber descendido del cielo a la tierra, por haberse hecho hombre y habernos salvado. Glorificamos al Espíritu Santo por haber formado en el seno de la Virgen María ese cuerpo purísimo que fue víctima de nuestros pecados. Con estos sentimientos de gratitud, debemos rezar la salutación angélica, acompañándola de actos de fe, esperanza, caridad y acción de gracias por el beneficio de nuestra salvación.
Del mismo modo que la Santísima Virgen con su hermoso cántico, el Magníficat, dirige a Dios las alabanzas y bendiciones que le tributó Santa Isabel por su eminente dignidad de Madre del Señor, así dirige inmediatamente a Dios los elogios y bendiciones que le presentamos mediante la salutación angélica.
El Avemaría es un rocío celestial y divino, que al caer en el alma de un predestinado le comunica una fecundidad maravillosa para producir toda clase de virtudes. Cuanto más regada esté un alma por esta oración tanto más se le ilumina el espíritu, más se le abraza el corazón y más se fortalece contra sus enemigos. El Avemaría es una flecha inflamada y penetrante que, unida por un predicador a la palabra divina que anuncia, le da la fuerza de traspasar y convertir los corazones más endurecidos.
Esta divina salutación atrae sobre nosotros la copiosa bendición de Jesús y María. Efectivamente, es principio infalible que Jesús y María recompensan magnánimamente a quienes les glorifican y devuelven centuplicadas las bendiciones que se les tributan: "Quiero a los que me quieren... para enriquecer a los que me aman y para llenar sus bodegas" (Pr 8,17-21). Es lo que proclaman a voz en cuello Jesús y María. Amamos a quienes nos aman, los enriquecemos y llenamos sus tesoros. Quien siembra generosamente, generosas cosechas tendrá (cf. 2 Co 9,6).
Ahora bien, ¿no es amar, bendecir y glorificar a Jesús y a María el recitar devotamente la salutación angélica? En cada Avemaría tributamos a Jesús y a María una doble bendición: "Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús". En cada Avemaría tributamos a María el mismo honor que Dios le hizo al saludarla mediante el arcángel San Gabriel. ¿Quién podrá pensar siquiera que Jesús y María –que tantas veces hacen el bien a quienes les maldicen– vayan a responder con maldiciones a quienes los honran y bendicen con el Avemaría?
La reina del cielo -dicen San Bernardo y San Buenaventura- no es menos agradecida y cortés que las personas nobles y bien educadas de este mundo. Las aventaja en esta virtud como en las demás perfecciones y no permitirá que la honremos con respeto sin devolvernos el ciento por uno. “María –dice San Buenaventura– nos saluda con la gracia, siempre que la saludamos con el Avemaría”.
¿Quién podrá comprender las gracias y bendiciones que el saludo y mirada benigna de María atraen sobre nosotros? En el momento en que Santa Isabel oyó el saludo que le dirigía la Madre de Dios, quedó llena del Espíritu Santo y el niño que llevaba en su seno saltó de alegría. Si nos hacemos dignos del saludo y bendición recíprocos de la Santísima Virgen, seremos, sin duda, colmados de gracias y un torrente de consuelos espirituales inundará nuestras almas.
Fuente: El Secreto Admirable del Santísimo Rosario - San Luis María Grignion de Montfort

miércoles, diciembre 04, 2019

San José y el Adviento



San José es una de las figuras principales en el misterio de la Navidad. Por lo tanto, en estos días que faltan para que nazca el Niño Jesús procuremos pensar en San José; intentemos imaginar lo que pasaría por su cabeza y el modo en el cual se iría preparando para el nacimiento de su Hijo, y aprovechemos para pedirle, por medio de la oración, que él mismo prepare nuestro corazón.
Estimados fieles, ¡Ya viene pronto Navidad! Ya se acerca el dichoso momento en el cual Nuestro Señor ha de venir de nuevo con el deseo de nacer espiritualmente en las almas. No es, pues, cualquier cosa la Navidad. No es una mera fiesta o evento social. Es el Nacimiento del Hijo de Dios. Debemos, por lo tanto, prepararnos lo mejor que podamos; no sea que el Niño Dios, como hace 2019 años, “no encuentre lugar” en nuestro corazón para nacer.
Gracias a Dios, no nos faltan los medios prácticos para lograr esta preparación. Un ejemplo es la muy antigua (de casi cinco siglos) “Novena de los Santos Peregrinos”, mejor conocida como “Posadas”; que se llevarán a cabo, como cada año, en nuestra Capilla y a las cuales les recomendamos encarecidamente el asistir.
Ahora bien, vamos a aprovechar este número de nuestro boletín para proponer un medio más para prepararnos lo mejor posible: el recurso a San José.
San José es una de las figuras principales en el misterio de la Navidad; luego de Nuestro Señor y de la Virgen, evidentemente. Por lo tanto, en estos días que faltan para que nazca el Niño Jesús procuremos pensar en San José; intentemos imaginarnos lo que pasaría por su cabeza y el modo en el cual él se iría preparando para el nacimiento de su Hijo. Hagámos este pequeño esfuerzo, sobre todo con el fin de imitarle en la expectación del nacimiento del Niño Jesús. Por otra parte, aprovechemos para pedirle, por medio de la oración que él mismo nos vaya preparando.

Los pensamientos de San José

El amor de Dios. Sin duda, San José pensaría en que “tanto amo Dios al mundo que dio a su Único Hijo”. Bastante asombraría a San José el pensar cómo Dios misericordiosísimo, siendo absolutamente feliz consigo mismo y, por lo tanto, no teniendo necesidad de la humanidad pecadora para ser feliz, se compadece y exclama: “Hagamos la redención del género humano”. No dejaría de sorprenderle la doble realidad de: los hombres, olvidados de Dios; Dios, preocupado por los hombres. Por supuesto que estas ideas encenderían en San José un gran deseo de darle algo a Nuestro Señor a cambio de tanto amor. Lo mismo intentemos pensar. ¿Quiénes somos para que Dios se haya acordado de nosotros? ¿Quiénes somos para que Dios se humille tanto ocultando su gloria, haciénsose un niñito, sometiéndose a las humillaciones de la vida humana, “tomando la forma de esclavo”, como dice San Pablo? Dios ha hecho todo esto por nosotros ¿qué hemos hecho nosotros por Dios?
La Persona del Niño Dios. No dejaría de pensar San José en quién es ese Niñito cuyo nacimiento espera. Contempla al Dios eterno de infinita Majestad, quien ha creado todas la cosas y de quien dependen absolutamente. Considera al Dios de vivos y muertos, quien los ha de juzgar a todos. Piensa en Dios infinitamente grande y digno de toda veneración, que se ha hecho pequeño en el seno purísimo de la Santísima Virgen; y digno de nuestro amor. En compañía de San José, vayamos adorando al Niño que está por nacer. Recordemos que el nacimiento que esperamos es el de nuestro Dios, a quien le debemos todo y, ante cuyo nacimiento no podemos quedar indiferentes.
Deseo del nacimiento del Niño Jesús. Al conocimiento de la Persona que va a nacer, se agrega el deseo de su nacimiento. Cómo desearía San José ver ya al Niño Dios, adorarle, tomarle en sus brazos, llamarle hijo y demostrarle su amor. Así mismo, el corazón de San José desearía la pronta venida de Jesús para que diese comienzo al derramamiento de sus gracias en las almas. Movamos en nuestros corazones el deseo de la venida del Señor. Encendamos en nuestro corazón un deseo igual al de San José de ver con nuestros ojos al que el casto seno de la Virgen encierra hace ya casi nueve meses, contemplar los rasgos de ese Hijo del Padre celestial, de ver finalmente, realizarse el Nacimiento que acarreará Gloria a Dios en los altos cielos y Paz a los hombres de buena voluntad en la tierra.
Humildad y gratitud. Sin duda pensaría nuestro Santo: ¿A dónde a mí tanto bien? ¿Quién soy yo para ser llamado Padre del Salvador y Esposo de la Reina de los Ángeles? A estos pensamientos de humildad se agregarían los de gratitud por permitirle participar de tan grandes misterios. Cómo agradecería a Dios que su Hijo naciera, no sólo en este mundo, sino también en su corazón. Igualmente, nosotros pensemos que, por nuestras infidelidades a Dios, no merecemos que Jesús nazca en nosotros, pero Él, en su infinita misericordia, de todos modos quiere hacerlo para así remediar nuestra miseria. Y, por supuesto, demos gracias a Nuestro Señor de que se haya dignado hacerse un pequeño niño para nacer, sufirir mucho y morir por nosotros y así librarnos del infierno.
El Niño Dios quiere nacer, como cada año, en nuestra alma para irla empapando cada vez más de su gracia y unirse más íntimamente a nosotros; hay que saber agradecerle por tanta misericordia.

Recémosle a San José

Para obtener las garcias que requerimos hace falta rezar. Por eso, estimados fieles, en estos días que faltan para la Navidad, no olvidemos pedirle a San José en nuestras oraciones que nos alcance las gracias necesarias para prepararnos bien. Pidámosle que nos obtenga el acabar de purificar nuestra alma para recibir santamente al Niño Dios. Igualmente, hay que pedirle que aumente en nosotros el deseo del nacimiento de su Hijo porque entre más grande sea este deseo, más gracias recibiremos.
Agreguemos en nuestro Santo Rosario, o en nuestras oraciones de la mañana o de la noche alguna oración a nuestro Santo Patriarca con el fin de que nos ayude. Si pensamos asistir a las Posadas, tratemos de tener lo más presente posible que, durante esos 9 días, lo estamos acompañando espiritualmente a él y a la Virgen en su camino hacia Belén. Alguno dirá que no tiene tiempo de sobra para rezar; pues bien, al menos que intente hacer una pequeña jaculatoria, un “San José, ruega por nosotros” con el cual eleve su alma hacia San José, para que no le falte su asistencia.
Dios los bendiga.
Padre Luis Rodríguez

lunes, diciembre 02, 2019

ADVIENTO

La Iglesia, para comenzar el año litúrgico, celebra la llegada de Cristo con una gran fiesta a la cual llamamos Navidad. Esta fiesta es tan importante para los cristianos que la Iglesia, antes de celebrarla, prepara a sus hijos durante el período conocido como Adviento. Ya desde tiempos remotos la Iglesia acostumbra tener esta preparación.

La palabra Adviento, como se conoce este temporada, significa "llegada" y claramente indica el espíritu de vigilia y preparación que los cristianos deben vivir. Al igual que se prepara la casa para recibir a un invitado muy especial y celebrar su estancia con nosotros, durante los cuatro domingos que anteceden a la fiesta de Navidad, los cristianos preparan su alma para recibir a Cristo y celebrar con Él su presencia entre nosotros.

En este tiempo es muy característico pensar: ¿cómo vamos a celebrar la Noche Buena y el día de Navidad? ¿con quien vamos a disfrutar estas fiestas? ¿qué vamos a regalar? Pero todo este ajetreo no tiene sentido si no consideramos que Cristo es el festejado a quien tenemos que acompañar y agasajar en este día. Cristo quiere que le demos lo más preciado que tenemos: nuestra propia vida; por lo que el período de Adviento nos sirve para preparar ese regalo que Jesús quiere, es decir, el adviento es un tiempo para tomar conciencia de lo que vamos a celebrar y de preparación espiritual.

Durante el Adviento los cristianos renuevan el deseo de recibir a Cristo por medio de la oración, el sacrificio, la generosidad y la caridad con los que nos rodean, es decir, renovarnos procurando ser mejores para recibir a Jesús.

La Iglesia durante las cuatro semanas anteriores a la Navidad y especialmente los domingos dedica la liturgia de la misa a la contemplación de la primera "llegada" de Cristo a la tierra, de su próxima "llegada" triunfal y la disposición que debemos tener para recibirlo. El color morado de los ornamentos usados en sus celebraciones nos recuerda la actitud de penitencia y sacrificio que todos los cristianos debemos tener para prepararnos a tan importante evento.

La familia como Iglesia doméstica procura reunirse para hacer más profunda esta preparación. Algunas familias se unen para orar en torno a una corona de ramas de hojas perennes sobre la cuál colocan velas que van encendiendo cada domingo. En otros lugares se elabora un calendario en el cuál se marcan los días que pasan hasta llegar al día de Navidad. En algunos países, como México, familiares y amigos se reúnen para celebrar las Posadas rezando el rosario, recordando el peregrinar de María y José para llegar a Belén. En todas estas reuniones el sentido de penitencia y sacrificio se enriquece por la esperanza y el espíritu de fraternidad y generosidad que surge de la alegría de que Dios pronto estará con nosotros.

https://www.ewtn.com/espanol/adviento/reflections.aspx

domingo, noviembre 24, 2019

Solemnidad de Cristo Rey

La celebración de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, cierra el Año Litúrgico en el que se ha meditado sobre todo el misterio de su vida, su predicación y el anuncio del Reino de Dios.

El Papa Pio XI, el 11 de diciembre de 1925, instituyó esta solemnidad que cierra el tiempo ordinario. Su objetivo es recordar la soberanía universal de Jesucristo. Lo confesamos supremo Señor del cielo y de la tierra, de la Iglesia y de nuestras almas.
Durante el anuncio del Reino, Jesús nos muestra lo que éste significa para nosotros como Salvación, Revelación y Reconciliación ante la mentira mortal del pecado que existe en el mundo. Jesús responde a Pilatos cuando le pregunta si en verdad Él es el Rey de los judíos: "Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí" (Jn 18, 36). Jesús no es el Rey de un mundo de miedo, mentira y pecado, Él es el Rey del Reino de Dios que trae y al que nos conduce.
Cristo Rey anuncia la Verdad y esa Verdad es la luz que ilumina el camino amoroso que Él ha trazado, con su Vía Crucis, el camino hacia el Reino de Dios. "Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad.
Todo el que es de la verdad escucha mi voz."(Jn 18, 37) Jesús nos revela su misión reconciliadora de anunciar la verdad ante el engaño del pecado. Esta fiesta celebra a Cristo como el Rey bondadoso y sencillo que como pastor guía a su Iglesia peregrina hacia el Reino Celestial y le otorga la comunión con este Reino para que pueda transformar el mundo en el cual peregrina.  La posibilidad de alcanzar el Reino de Dios fue establecida por Jesucristo, al dejarnos el Espíritu Santo que nos concede las gracias necesarias para lograr la Santidad y transformar el mundo en el amor. Ésa es la misión que le dejó Jesús a la Iglesia al establecer su Reino.
Se puede pensar que solo se llegará al Reino de Dios luego de pasar por la muerte pero la verdad es que el Reino ya está instalado en el mundo a través de la Iglesia que peregrina al Reino Celestial. Justamente con la obra de Jesucristo, las dos realidades de la Iglesia -peregrina y celestial- se enlazan de manera definitiva, y así se fortalece el peregrinaje con la oración de los peregrinos y la gracia que reciben por medio de los sacramentos. "Todo el que es de la verdad escucha mi voz."(Jn 18, 37) Todos los que se encuentran con el Señor, escuchan su llamado a la Santidad y emprenden ese camino se convierten en miembros del Reino de Dios.

Oración a Cristo Rey.

¡Oh Cristo Jesús! Os reconozco por Rey universal. Todo lo que ha sido hecho, ha sido creado para Vos. Ejerced sobre mí todos vuestros derechos.
Renuevo mis promesas del Bautismo, renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometo vivir como buen cristiano. Y muy en particular me comprometo a hacer triunfar, según mis medios, los derechos de Dios y de vuestra Iglesia.
¡Divino Corazón de Jesús! Os ofrezco mis pobres acciones para que todos los corazones reconozcan vuestra Sagrada Realeza, y que así el reinado de vuestra paz se establezca en el Universo entero. Amén.

Consagración de la humanidad para el día de Cristo Rey por el Papa Pío XI

¡Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano! Miradnos humildemente postrados; vuestros somos y vuestros queremos ser, y a fin de vivir más estrechamente unidos con vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.
Muchos, por desgracia, jamás, os han conocido; muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. ¡Oh Jesús benignísimo!, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a vuestro Corazón Santísimo.
¡Oh Señor! Sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna, que no perezcan de hambre y miseria.
Sed Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos; devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe para que en breve se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor.
Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría; dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino.
Conceded, ¡oh Señor!, incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no resuene sino ésta voz: ¡Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra salud! A Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, agosto 22, 2019

Santa María Reina

Fiesta: 22 de Agosto
"La Virgen Inmaculada ... asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial fue ensalzada por el Señor como Reina universal,con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte".
(Conc. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, n.59).

Esta fiesta litúrgica fue instituida por Pío XII, y se celebra ahora en la octava de la Asunción, para manifestar claramente la conexión que existe entre la realeza de María y su asunción a los cielos. 

La piedad del medioevo fue la que comenzó en Occidente a saludar con el título de Reina a la Santísima Virgen Madre de Dios, invocándola con las palabras: Salve, Reinda caelorum; Reina caeli, laetare. Ocho días después de la Asunción de la Virgen, celebramos la fiesta de Santa María Reina. Aquí contemplamos a la mujer sencilla de Nazaret, Madre y Sierva de Dios, ensalzada como una Reina y resplandeciente junto al Padre y al Hijo.
MARÍA REINA 
María es reina de los ángeles y de todos los hombres que son del Señor.El título de Reina se le da a María Santísima desde los primeros siglos como indicación de su preeminencia y poder que los recibe de aquel que es el Todopoderoso: Su Hijo, Jesucristo. Juan Pablo II, el 23 de julio del 1997, habló sobre la Virgen como Reina del universo. Recordó que "a partir del siglo V, casi en el mismo período en que el Concilio de Efeso proclama a la Virgen 'Madre de Dios', se comienza a atribuir a María el título de Reina.
El pueblo cristiano, con este ulterior reconocimiento de su dignidad excelsa, quiere situarla por encima de todas las criaturas, exaltando su papel y su importancia en la vida de cada persona y del mundo entero". El Santo Padre explicó que "el título de Reina no sustituye al de Madre: su realeza sigue siendo un corolario de su peculiar misión materna, y expresa simplemente el poder que le ha sido conferido para llevar a cabo esta misión (...) Los cristianos miran con confianza a María Reina, y esto aumenta su abandono filial en Aquella que es madre en el orden de la gracia".


"La Asunción favorece la plena comunión de María no sólo con Cristo, sino con cada uno de nosotros. Ella está junto a nosotros porque su estado glorioso le permite seguirnos en nuestro cotidiano itinerario terreno. (...). Ella conoce todo lo que sucede en nuestra existencia y nos sostiene con amor materno en las pruebas de la vida".
RAZON: Las Sagradas Escrituras nos enseñan que los que son de Cristo reinarán con El y la Virgen María es ciertamente de Cristo.
Romanos 5:17
"En efecto, si por el delito de uno solo reinó la muerte por un solo hombre ¡con cuánta más razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en la vida por uno solo, por Jesucristo!"

II Timoteo 2:12
"Si nos mantenemos firmes, también reinaremos con él; si le negamos, también él nos negará"
María Santísima es reina de todo lo creadoSi bien todos reinaremos con Cristo, María Santísima participa de Su reinado de una forma singular y preeminente. Esto significa que Dios le ha otorgado Su poder para reinar sobre todos los hombres y los ángeles, y para vencer a Satanás.

Razones por las que María Santísima es Reina de todos:
1- Por ser la madre de Dios hecho hombre,El Mesías, El Rey universal. (Col 1, 16).
Santa Isabel, movida por el Espíritu Santo, hace reverencia a María, no considerándose digna de la visita de la que es "Madre de mi Señor" (Lc 1:43).
Por la realeza de su hijo, María posee una grandeza y excelencia singular entre las criaturas, por lo que Santa Isabel exclamó: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno" (Lc 1:42).
El ángel Gabriel le dijo a María que su Hijo reinaría. Ella es entonces la Reina Madre. Su reino no es otro que el de Jesús, por el que rezamos "Venga tu Reino". Es el Reino de Jesús y de María. Jesús por naturaleza, María por designio divino.En 1 Reyes 2,19 vemos que la madre del Rey se sienta a su derecha.


2- Por ser la perfecta discípula que acompañó a Su Hijo desde el principio hasta el final,Cristo le otorga la corona. Cf. Ap. 2,10 En María se cumplen las palabras: " el que se humilla será ensalzado". Ella dijo "He aquí la esclava del Señor".
3- Por ser la corredentora.El papa JPII, en la audiencia del 23-7-97 dijo que "María es Reina no sólo porque es Madre de Dios, sino también porque (...) cooperó en la obra de la redención del género humano. (...) Asunta al cielo, María es asociada al poder de su Hijo y se dedica a la extensión del Reino, participando en la difusión de la gracia divina en el mundo". Ella participa en la obra de salvación de su Hijo con su SI en el que siempre se mantuvo fiel, siendo capaz de estar al pie de la cruz (Cf. Jn 19:25)María Santísima, reinando con su hijo, coopera con El para la liberación del hombre del pecado. Todos nosotros, aunque en menor grado, debemos también cooperar en la redención para reinar con Cristo.
4- Por ser el miembro excelentísimo de la Iglesia: por su misión y santidad.
La misión de María Santísima es única pues solo ella es madre del Salvador.
Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar" -Génesis 3:15
Características del reinado de María Santísima:a) Preeminencia: "su honor y dignidad sobrepasan todo la creación ; los ángeles toman segundo lugar ante tu preeminencia." San Germán.

b) Poder Real: que la autoriza a distribuir los frutos de la redención. La Virgen María no solo ha tenido el más alto nivel de excelencia y perfección después de Cristo, pero también participa del poder de Su Hijo Redentor ejercita sobre las voluntades y mentes.

c) Inagotable eficacia de Intercesión con su Hijo y el Padre: Dios ha instituido a Maria como Reina del cielos y tierra, exaltada sobre todos los coros de ángeles y todos los santos. Estando a la diestra de su Hijo, ella suplica por nosotros con corazón de Madre, y lo que busca, encuentra, lo que pide, recibe".
d) Reinado de Amor y Servicio: Su reinado no es de pompas o de prepotencia como los reinos de la tierra. El reino de María es el de su Hijo, que no es de este mundo, no se manifiesta con las características del mundo. María tiene todo el poder como reina de cielos y tierra y a la vez, la ternura de ser Madre de Dios.
En la tierra ella fue siempre humilde, la sierva del Señor. Se dedicó totalmente a su Hijo y a su obra. Con El y sometida con todo su corazón con toda su voluntad a El, colaboró en el Misterio de la Redención. Ahora en el Cielo, ella continúa manifestando su amor y su servicio para llevarnos a la salvación.

La Fiesta Litúrgica
Pío XII en 1954, instituyó la fiesta Litúrgica del Reinado de María al coronar a la Virgen en Santa Marí
a la Mayor, en Roma. En esta ocasión el Papa también promulgó el documento principal del Magisterio acerca de la dignidad y realeza de Maria, la Encíclica Ad coeli Reginam (Oct 11, 1954)
JPII: Junio 19, 1983 en Polonia "Al Reino de el Hijo está plenamente unido el Reino de su Madre.. su Reino y el de ella, no son de este mundo. Pero están enraizados en la historia humana, en la historia de toda la raza humana, por el hecho de que el Hijo de Dios, de la misma sustancia que el Padre, se hizo hombre por el poder del ES en el vientre de María. Y esa reino es definitivamente enraizado en la historia humana a través de la Cruz, al pie de la cual estaba la Madre de Dios como corredentora. Y es en ese evento de la Cruz y Maria al pie de su hijo, que el Reino se funda y permanece. Todas la comunidades humanas experimentan el reino maternal de María, que les trae mas de cerca el reino de Cristo."

HIMNO
Reina y Madre, Virgen pura,
que sol y cielo pisáis,
a vos sola no alcanzó
la triste herencia de Adán.

¿Cómo en vos, Reina de todos,
si llena de gracia estáis,
pudo caber igual parte
de la culpa original?

De toda mancha estáis libre:
¿y quién pudo imaginar
que vino a faltar la gracia
en donde la gracia está?
Si los hijos de sus padres
Toman el fuero en que están,
¿cómo pudo ser cautiva
quien dio a luz la libertad? Amén.

Oración
Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.