RUEGUEN POR NOSOTROS

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viernes, diciembre 07, 2018

La Inmaculada Concepción de la Virgen María

8 de diciembre

La Inmaculada ConcepciónYa en el siglo II saludaba san Ireneo en la Madre de Jesús a la nueva Eva. Pero fue dentro del segundo milenio cuando poco a poco fue apercibiéndose la Iglesia del depósito revelado referente a la Inmaculada Concepción de María. El Papa Pío IX la proclamó solemnemente el 8 de diciembre de 1854. Hacía casi cuatro siglos que el papa Sixto IV había extendido la fiesta de la Concepción Inmaculada de María a toda la Iglesia de Occidente (1483).



Himno
I
De Adán el primer pecado
No vino en vos a caer;
Que quiso Dios preservaros
Limpia como para él.
De vos el Verbo encarnado
Recibió humano ser,
Y quiere todapureza
Quien todopuro es también.
Si Dios autor de las leyes
Que rigen la humana grey,
Para engendrar a su madre
¿no pudo cambiar la ley?
Decir que pudo y no quiso
Parece cosa cruel,
Y, si es todopoderoso,
¿con vos no lo habrá de ser?
Que honrar al hijo en la madre
Derecho de todos es,
Y ese derecho tan justo,
¿Dios no lo debe tener?
Porque es justo, porque os ama,
Porque vais su madre a ser,
Os hizo Dios tan purísima
Como Dios merece y es. Amén.
II
Eva nos vistió de luto,
De Dios también nos privó
E hizo mortales;
Mas de vos salió tal fruto
Que puso en paz y quitó
Tantos males.
Por Eva la maldición
Cayó en el género humano
Y el castigo;
Mas por vos la bendición
fue, y a todos dio la mano
Dios amigo.
Un solo Dios trino y uno
A vos hizo sola y una:
Más perfecta
Después de Dios no hay ninguna,
Ni es a Dios persona alguna
Más acepta.
¡Oh cuánto la tierra os debe!
Pues que por vos Dios volvió
La noche en día,
Por vos, más blanca que nieve,
El pecador alcanzó
Paz y alegría. Amén.
III
Ninguno del ser humano
Como vos se pudo ver;
Que a otros les dejan caer
Y después les dan la mano.
Mas vos, Virgen, no caíste
Como los otros cayeron,
Que siempre la mano os dieron
Con que preservada fuiste.
Yo, cien mil veces caído;
Os suplico que me deis
La vuestra y me levantéis
Porque no quede perdido.
Y por vuestra concepción,
Que fue de tan gran pureza,
Conserva en mí la limpieza
Del alma y del corazón,
Para que de esta manera
Suba con voz a gozar
Del que solo puede dar
Vida y gloria verdadera. Amén.
Oración
Padre, la boca se nos llena de cantares y el corazón rebosa de alegría, porque se acerca el nacimiento de tu Hijo, que levantó del sueño a los pastores y sobresaltó a los poderosos. Pero sobretodo llenó de gozo a su Madre María, que había vivido un adviento de nueve meses. Ella, sencilla como la luz, clara como el agua, pura como la nieve y dócil como una esclava concibió en su seno la Palabra. Concédenos que, a imitación suya, seamos siempre dóciles al evangelio de Jesús y así celebremos en verdad de fe la Pascua de su nacimiento. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Oh Dios, que por la Concepción Inmaculada de la Virgen María preparaste a tu hijo una digna morada, y en previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado, concédenos por su intercesión llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo.

Conozca Primero Su Fe Católica–La Inmaculada Concepción • 7 | Diciembre ...

Padre Carlos Spahn - "La Eucaristía, la Virgen María y el Santo Padre" (...

jueves, diciembre 06, 2018

Fiesta de San Nicolás - 6 de diciembre

En estos tiempos en que la ficción es más fuerte que la verdad, es importante conocer la verdadera historia del gran San Nicolás, llamado el Magno, a quien Dios honró con el don de innumerables milagros, y que a menudo es confundido con un gordito bonachón que vive en el Polo Norte y que fabrica regalos con un montón de elfos y duendes............
La Fiesta de San Nicolás, que se celebra el 6 de diciembre en el occidente y el 19 de diciembre en el oriente, según el calendario Juliano, se ha conservado como un día santo y para ofrecer regalos debido a los relatos de la generosidad tan poco común del santo. Con el paso de los siglos, San Nicolás se ha convertido en un símbolo popular de la temporada navideña, inspirando personajes, en su mayoría ficticios, como Sinterklass, Zinniklos y Santa Claus.


Sin embargo, aquellos que sepan un poco más sobre historia eclesiástica, recordarán a San Nicolás como el santo obispo de Mira, en Licia, (actualmente provincia de Antalya, en Turquía), quien, durante el Primer Concilio Ecuménico de Nicea, se enfadó tanto con el archi-hereje Arrio (fundador del arrianismo), que lo golpeó en la cara.
Nicolás nació en la famosa ciudad de Patar, en Licia. Desde su niñez ayunó todos los miércoles y viernes, y mantuvo esta costumbre durante toda su vida. Habiendo quedado huérfano a temprana edad, repartió sus posesiones entre los pobres. El siguiente es un ejemplo de su caridad tan maravillosa: acudió en ayuda de tres chicas, cuya virtud peligraba, proporcionando una suma de dinero suficiente para sus dotes. Mientras se encontraba en una peregrinación a Palestina, fue, por orden divina, a Mira, la sede metropolitana de Licia, donde el obispo había muerto. Ahí, en contra de todas las expectativas, fue elegido para ocupar la sede por un magnífico consenso conformado por todos los obispos de la provincia reunidos. Durante su episcopado, se destacó por ser un ejemplo de todas las virtudes. Pero cuando desafió el edicto de Diocleciano y Maximiano al continuar predicando la verdad de la fe cristiana, fue lanzado a prisión, donde permaneció hasta que Constantino fue emperador. Participó en el Concilio de Nicea, donde fue condenada la herejía arriana. Luego de haber regresado a su país, murió santamente en Mira. Posteriormente, su cuerpo fue transferido a Bari, en Apulia, en donde se le venera como reliquia.
Aunque, estrictamente hablando, para los cristianos orientales esta fiesta no es un día de obligación, muchos católicos griegos y ortodoxos orientales realizan un esfuerzo especial para asistir a la iglesia en este día, debido a la importancia histórica del santo para los cristianos orientales. De hecho, es tan honrado en el Oriente que el Octoechos ("Libro de los Ocho Tonos"), el cual es uno de los textos litúrgicos centrales del Rito Bizantino, contiene himnos en honor a San Nicolás, que deben recitarse durante las horas canónicas cada jueves del año. Además, San Nicolás continúa siendo uno de los santos patronos más populares de las iglesias orientales, particularmente en Grecia y entre los cristianos del Medio Oriente.


Para concluir, he aquí un ejemplo de los solemnes himnos cantados en las Vísperas Bizantinas en honor a San Nicolás. No sólo recuerdan las virtudes heroicas del santo, sino que también piden su intercesión ante el Trono de Dios.
 
Tu memoria, oh santo jerarca, ha resplandecido como el sol, iluminando poéticamente los corazones de los fieles; y celebrándola hoy con esplendor, te llamamos suplicantes: alégrate, reflejo de castidad que, armado con el escudo de la abstinencia, ¡conservaste intacto el estado de tu alma! ¡Regocíjate, oh pastor y maestro del pueblo cristiano! ¡Alégrate, ornamento de la Iglesia, belleza de los jerarcas, adorno de los monarcas! Bendito y santísimo padre Nicolás, no dejes de rogar a Cristo Dios que conceda la paz a todo el mundo y salve nuestras almas.
 
¿Con qué himnos hemos de alabar al santo jerarca, oponente de la herejía y defensor de la piedad? El líder, gran aliado y maestro, que avergonzó a todos los infames, el destructor de Arrio y sus secuaces. Por su causa Cristo, quien es misericordioso, abatió la arrogancia del enemigo.
 
Oh San Nicolás, ten piedad de nosotros que nos postramos ante ti, rogándote que ilumines los ojos de nuestras almas. Oh sapientísimo, haz que podamos contemplar con un espíritu puro al misericordioso Dador de Luz".
 

domingo, diciembre 02, 2018

ADVIENTO

ADVIENTO
La Iglesia, para comenzar el año litúrgico, celebra la llegada de Cristo con una gran fiesta a la cual llamamos Navidad. Esta fiesta es tan importante para los cristianos que la Iglesia, antes de celebrarla, prepara a sus hijos durante el período conocido como Adviento. Ya desde tiempos remotos la Iglesia acostumbra tener esta preparación.

La palabra Adviento, como se conoce este temporada, significa "llegada" y claramente indica el espíritu de vigilia y preparación que los cristianos deben vivir. Al igual que se prepara la casa para recibir a un invitado muy especial y celebrar su estancia con nosotros, durante los cuatro domingos que anteceden a la fiesta de Navidad, los cristianos preparan su alma para recibir a Cristo y celebrar con Él su presencia entre nosotros.
En este tiempo es muy característico pensar: ¿cómo vamos a celebrar la Noche Buena y el día de Navidad? ¿con quien vamos a disfrutar estas fiestas? ¿qué vamos a regalar? Pero todo este ajetreo no tiene sentido si no consideramos que Cristo es el festejado a quien tenemos que acompañar y agasajar en este día. Cristo quiere que le demos lo más preciado que tenemos: nuestra propia vida; por lo que el período de Adviento nos sirve para preparar ese regalo que Jesús quiere, es decir, el adviento es un tiempo para tomar conciencia de lo que vamos a celebrar y de preparación espiritual.


Durante el Adviento los cristianos renuevan el deseo de recibir a Cristo por medio de la oración, el sacrificio, la generosidad y la caridad con los que nos rodean, es decir, renovarnos procurando ser mejores para recibir a Jesús.
La Iglesia durante las cuatro semanas anteriores a la Navidad y especialmente los domingos dedica la liturgia de la misa a la contemplación de la primera "llegada" de Cristo a la tierra, de su próxima "llegada" triunfal y la disposición que debemos tener para recibirlo. El color morado de los ornamentos usados en sus celebraciones nos recuerda la actitud de penitencia y sacrificio que todos los cristianos debemos tener para prepararnos a tan importante evento.

La familia como Iglesia doméstica procura reunirse para hacer más profunda esta preparación. Algunas familias se unen para orar en torno a una corona de ramas de hojas perennes sobre la cuál colocan velas que van encendiendo cada domingo. En otros lugares se elabora un calendario en el cuál se marcan los días que pasan hasta llegar al día de Navidad. En algunos países, como México, familiares y amigos se reúnen para celebrar las Posadas rezando el rosario, recordando el peregrinar de María y José para llegar a Belén. En todas estas reuniones el sentido de penitencia y sacrificio se enriquece por la esperanza y el espíritu de fraternidad y generosidad que surge de la alegría de que Dios pronto estará con nosotros.