RUEGUEN POR NOSOTROS

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lunes, agosto 26, 2013

Ceferino Namuncurá




La santidad de Ceferino es expresión y fruto de la espiritualidad juvenil salesiana, una espiritualidad hecha de alegría, de amistad con Jesús y María, de cumplimiento de los propios deberes y de entrega por los demás. Ceferino representa la prueba más convincente de la fidelidad con la que los primeros misioneros mandados por don Bosco lograron repetir aquello que él había hecho en el Oratorio de Valdocco:  formar jóvenes santos. Este sigue siendo nuestro compromiso de hoy, en un mundo que necesita jóvenes impulsados por un claro sentido de la vida, audaces en sus opciones y firmemente centrados en Dios mientras sirven a los demás.


La vida de Ceferino es una parábola de tan sólo 19 años, pero rica de enseñanzas.
Nació en Chimpay el día 25 de agosto de 1886 y fue bautizado, dos años más tarde, por el misionero salesiano don Milanesio, que había mediado en el acuerdo de paz entre los mapuches y el ejército argentino, haciendo posible al papá de Ceferino conservar el título de "gran cacique" para sí, y también el territorio de Chimpay para su pueblo. Tenía 11 años cuando su padre lo inscribió en una escuela estatal de Buenos Aires, pues quería hacer del hijo el futuro defensor de su pueblo. Pero Ceferino no se encontró a gusto en aquel centro y el padre lo pasó al colegio salesiano "Pío IX". Aquí inició la aventura de la gracia, que transformaría a un corazón todavía no iluminado por la fe en un testigo heroico de vida cristiana. Inmediatamente sobresalió por su interés por los estudios, se enamoró de las prácticas de piedad, se apasionó del catecismo y se hizo simpático a todos, tanto a compañeros como a superiores. Dos hechos lo lanzaron hacia las cimas más altas:  la lectura de la vida de Domingo Savio, de quien fue un ardiente imitador, y la primera Comunión, en la que hizo un pacto de absoluta fidelidad con su gran amigo Jesús. Desde entonces este muchacho, que encontraba difícil "ponerse en fila" y "obedecer al toque de la campana", se convirtió en un modelo.


Un día —Ceferino ya era aspirante salesiano en Viedma— Francesco De Salvo, viéndolo llegar a caballo como un rayo, le gritó:  "Ceferino, ¿qué es lo que más te gusta?". Se esperaba una respuesta que guardara relación con la equitación, arte en el que los araucanos eran maestros, pero el muchacho, frenando al caballo, dijo:  "Ser sacerdote", y continuó corriendo.
Fue precisamente durante aquellos años de crecimiento interior cuando enfermó de tuberculosis. Lo hicieron volver a su clima natal, pero no bastó. Monseñor Cagliero pensó entonces que en Italia encontraría mejores atenciones médicas. Su presencia no pasó inadvertida en la nación, pues los periódicos hablaron con admiración del príncipe de las pampas. Don Rúa lo hizo sentar a la mesa con el consejo general. Pío X lo recibió en audiencia privada, escuchándole con interés y regalándole su medalla "ad principes". El día 28 de marzo de 1905 tuvo que ser internado en el Fatebenefratelli (Hermanos de San Juan de Dios) de la isla Tiberina, donde murió el día 11 de mayo siguiente, dejando tras de sí una impronta de voluntad, diligencia, pureza y alegría envidiables.
Era un fruto maduro de espiritualidad juvenil salesiana. Sus restos se encuentran ahora en el santuario de Fortín Mercedes, de Argentina, y su tumba es meta de peregrinaciones ininterrumpidas, porque goza de una gran fama de santidad entre el pueblo argentino.
Ceferino encarna en sí los sufrimientos, las angustias y las aspiraciones de su gente mapuche, la misma gente que a lo largo de los años de su adolescencia encontró el Evangelio y se abrió al don de la fe bajo la guía de sabios educadores salesianos. Hay una expresión que recoge todo su programa:  "Quiero estudiar para ser útil a mi pueblo". En efecto, Ceferino quería estudiar, ser sacerdote y volver entre su gente para contribuir al crecimiento cultural y espiritual de su pueblo, como había visto hacer a los primeros misioneros salesianos.
Al santo nunca se le puede comparar con un meteoro que atraviesa imprevistamente el cielo de la humanidad, sino que más bien es el fruto de un largo y silencioso engendro de una familia y de un pueblo que quieren plasmar en aquel hijo sus mejores cualidades.


La beatificación de Ceferino es una invitación a creer en los jóvenes, también en los que apenas han sido evangelizados, y a descubrir la fecundidad de Evangelio, que no destruye nada de aquello que es verdaderamente humano, y la aportación metodológica de la educación en este estupendo trabajo de configuración de la persona humana que llega a reproducir en sí la imagen de Cristo.
Quien piense que la fe religiosa es una forma de adaptación o de falta de compromiso por el cambio social, se equivoca, pues es totalmente lo contrario, ya que se convierte en la energía que hace posible la transformación de la historia. La santidad, que para algunos evoca la singularidad de una condición considerada poco adherente a la vida cotidiana, significa, por el contrario, la plenitud de la humanidad puesta en práctica. El santo es una persona auténtica, realizada y feliz. Los testimonios de los contemporáneos de Ceferino son unánimes al afirmar la voluntad de su corazón y la seriedad de su compromiso. "Sonríe con los ojos", decían los compañeros. Era un adolescente admirable, santo, que hoy puede —debe— ser propuesto como modelo y ejemplo a los jóvenes. Toda la Familia Salesiana de Argentina, reconocida a Dios por el extraordinario don que le ha concedido en Ceferino, tiene la obligación de sentirse responsable de mantener viva su memoria, y de estar convencida de que puede continuar proponiendo a los jóvenes itinerarios concretos de santidad.
Mientras alabamos y damos gracias al Señor por este nuevo pequeño baldosín del bello mosaico de la santidad salesiana, renovemos nuestra fe en los jóvenes, en la inculturación del Evangelio y en el sistema preventivo.
D. Pascual Chávez Villanueva, s.d.b
rector mayor




ALGUNAS CARTAS DE CEFERINO


Roma - 30 de Noviembre 1904
Collegio Convitto "Villa Sora" (Roma), Frascati.
¡Viva Jesús y María!

Señor Don Faustino S. Firpo. Buenos Aires (Almagro).

Amigo de mi mayor aprecio:

   He recibido su atta., fechada 10 noviembre p. p. Debo rendirle mil gracias por las buenas e importantes noticias que por medio de ella me comunica.

      No esperaba semejantes noticias de mi querida Patria.. Pero, en fin, dejemos aparte estas fantasías y vengamos a lo principal. Si me permite que le entere (de) alguna noticia romana. El ocho de diciembre lo pasé en Roma. Tuve la dicha en ese día de oír una Misa celebrada por Su Santidad Pío X. A las 7,30 de la mañana ya estaba dentro de San Pedro. La gran Basílica a las 9,30 ya estaba repleta de gente. En media hora atrás habían empezado los desfiles de los Obispos, Arzobispos y Cardenales. Pasaron en el medio de la Iglesia y atrás; llevado en andas por seis robustos príncipes y cortejado por veinte soldados de la Guardia Noble Pontificia se adelantaba poco a poco vestido con los ricos ornamentos Pontificios y la gran Tiara en la cabeza, el gran Pontífice reinante, el inmortal Pío X, que sentado en su trono de oro, bendecía con la paternidad más amable, a derecha e izquierda. ¡Que majestad grande tiene el Santo Padre! Es mucho mayor, si no me equivoco, que la de un rey o un emperador. Bueno, no le digo más cosas porque no acabaría más. Solamente le diré que los Arzobispos y Obispos, entre todos, eran doscientos veinte; Cardenales 35. Estaban presentes en la S. Misa de Su Santidad todos los Embajadores de las naciones del mundo ante la S. Sede. Entre ellos estaba también el nuestro de la R. Argentina, el cual ocupaba un puesto muy honorífico, es decir que estaba cerca el trono de Su Santidad.

     Música no faltaba, parecíame de estar en el Paraíso. Al frente venía un sol de luces, porque la Inmaculada estaba en medio de luces eléctricas y salíanle rayos por todas partes. Jamás he visto una gloria semejante. La Misa terminó al mediodía y duró casi una hora, para que los Obispos y Compañía y S. S. acabasen de salir. De modo que yo fui a comer a la una de la tarde. En la plaza de San Pedro era un hormiguero de gentes y coches que iban y venían. ¡Que mundo de gentes en esa plaza! Yo creo que habrán pasado a la mañana más de 100.000 personas.

     Ahora un poco de las mías. Son ya dos meses que he empezado el año escolar. Sigo mis estudios en italiano. Tengo que hacer doble esfuerzo, porque nunca he estudiado en italiano y con lo poco que aprendí en Italia me tengo que arreglar. Sin embargo no estamos muy atrasados. No soy de los últimos de la clase. Si no fuese por el idioma sería el primero. No tengo aquella facilidad de utilizar palabras de alta categoría, y etc., etc., etc.

     Monseñor Cagliero está entre nosotros desde hace dos días. Ha venido a visitarme. Se irá mañana sábado a Roma, donde reside para siempre (hasta que muera). Es el único amigo que tengo cerca, en Italia. Es mi patrón, porque él me puso en el colegio y atiende mi educación, que algún día saldremos como el Señor disponga.

      Yo quería fechar esta carta el 25 del corriente pero los cuatros días de cama me lo impidieron. La empecé en dicho día y faltábanme dos páginas para concluirla.

       Ahora tengo la mano débil y sin ganas de trabajar. La fantasía también muy pobre de manifestar o comunicar pensamientos más nobles y más sublimes. Me perdonará, mi querido amigo, si en la presente falta, como debe faltar, aquella descripción más bien desarrollada... Le mando una tarjeta postal que dice "Saluti da Roma” en la cual verá los principales monumentos de la ciudad Eterna de los Papas; en cada letra encontrará varios monumentos.

      Bien, le deseo los augurios más sinceros y felicitaciones más vivas de mi corazón y goce un buen fin y principio de año nuevo. El Señor Todopoderoso le sea propicio y le conceda mil años de vida.

      Recuerdos afectuosos a su respetable familia y amigos de la librería, Pastori Antonio, Don David y Pedro Torrero, Don Angelo (Angel).

       Me es honroso declararme de Ud. su íntimo amigo y S. S. S,

Ceferino Namuncurá

Frascati. 30 - XII - 1904.

N. B. - Mi dirección la he puesto al principio de la presente, basta añadir Italia. ¡Adiós! ¡Salud y felicidad!



Roma - 20 de Noviembre 1904

¡Viva Jesús y María!
Roma, 20 de noviembre 1904

Rmo. Señor Pro Vicario
Pbro. Don Esteban Pagliere

Muy Rdo. Padre:

     Tengo el máximo honor de dirigir a V. R. una humilde como la presente desde la capital del mundo católico. Llegué a ésta ayer de mañana, y fui a saludar al Ilmo. Mons. Cagliero en la Procura general dé los salesianos ante la S. Sede, su residencia Episcopal.

     Estuve todo el día con el bondadoso prelado y al mismo tiempo me manifestó su juicio diciéndome que mi colegio estaba en la simpática y hermosa villa de Frascati.  Mañana lunes Mons. Cagliero me conducirá a aquel Paraíso terrestre, donde el Señor y buen Jesús obrarán en mí según su voluntad.

      ¡Oh, quiera el Corazón Sacratísimo de Jesús y la Materna Bondad de la Purísima Concepción Inmaculada, bendecirme y tomarme bajo sus mantos seguros; ayudándome en mis estudios; dándome la Salud, Santidad, Sabiduría que me son indispensables para seguir con buen éxito mis atrasados estudios! ¡Oh, tengo verdaderamente una santa envidia a mis seis antiguos condiscípulos que este año jubilar de la Inmaculada, ofrecerán a tan buena Madre Celestial una brillante corona; consagrándose totalmente a su divino Hijo Jesús; revistiéndose con la vestidura del Divino Maestro, pasar del hombre viejo al nuevo; en fin, renunciando por completo al demonio, mundo y carne! ¡Que dichosos! ¡También ellos me debían de preceder! Pero "Fiat volutas Domini''. El Señor no se olvida de sus criaturas. Llegará el día en que yo también me enlute para siempre de una vez. Puede ser que el Señor no me veía bastante preparado: y que por mal de mis pecados haya deparado el tiempo de consagrarme por completo al Señor. S. R. no se olvidará de este su pobre hijo en la Santa Misa.

     Cuando llegue a Frascati le escribiré nuevamente, dándole noticias más detalladas e impresiones de los primeros días. Mons. Cagliero no está muy bien de salud, pero puede atender todas sus cosas y quehaceres, pero con moderación. Se preparan grandes fiestas para la Inmaculada en la Ciudad Eterna. Corren voces de que todas las estatuas de la Virgen existentes en la Santa Ciudad serán coronadas y sé verificarán varias beatificaciones en dicho día en la Gran Basílica de San Pedro. Para esos días espero estar en Roma, según promesas de Mons. Cagliero. Espero una de sus cartas. Con la esperanza de escribirle lo más pronto posible le saludo atentamente, a los demás Rdos. Superiores, Hermanos y Niños, y profésome de V. R.

     Humildísimo hijo en J. y M.

Ceferino Namuncurá

N.B.: Buena fiesta de la Purísima y hasta Frascati. ¡Adiós!


Turín, noviembre 15 de 1904

Rmo. P. Juan Beraldi.
Amadísimo Padre:

     Tengo el honor de enviarle mi último saludo y cartita desde el santuario de nuestra M. Celestial María Sma. Auxiliadora y desde la tumba querida de nuestro amadísimo Padre y Fundador Don Bosco, antes de partir hacia la Capital del mundo católico, la ciudad eterna: Roma.

       ¡Oh, mi amado Padre Juan!  ¡Cuán dulce y suaves suenan en mis oídos estos lugares queridos: Roma, el santuario de María Auxiliadora y la tumba de Don Bosco. Al honor de la verdad le digo, Cuando toco estos santos temas, las lágrimas saltan a mis ojos: me parece ver siempre al venerable anciano de Roma; a la bendita Auxiliadora en su santuario, y a Don Bosco en su tumba; me parece verlos en persona. De noche muchas veces me sigue en mis dulces sueños y hablo con ellos. ¡Oh, cuántos consuelos!... Dos noches ha que sí en sueños a Don Bosco y Don Rúa que hablaban entre sí y yo me presenté, les besé las manos repetidas veces a los dos y dirigí la palabra a Don Bosco: Señor Don Bosco, ¿me haré salesiano? El me contestó: "Sí, hijo mío? Dios te bendiga. Adiós". Beséles nuevamente la mano y me fui...

       Esto es verdad y deseo que no se lo diga a nadie, porque a ninguno se lo he dicho.
Padre Juan, rece mucho al buen Jesús y a María Auxiliadora, en modo especial en la Sta, Misa, para que me ayuden en mis estudios y pueda poner pronto la sotana: vestirme de una vez para siempre de luto, creo que ya es tiempo... Confío en sus fervorosas plegarias y yo haré otro tanto por vuestra reverencia...

      Mons. Cagliero está en Roma para siempre. Para el 8 de diciembre vendrá a Turín para pontificar en el Santuario de María Auxiliadora y volverá nuevamente con los prelados de la corte pontificia. Parece que S. S. no lo deja volver más a la América, pues dijo en la audiencia: "De ahora en adelante no hará más esos viajes largos y penosos. ? Y nosotros en la América, Santidad, ¿quedamos solos? ? Yo no sé nada; arréglense", contestó el Padre Santo... Es demasiado bueno el Padre Santo. Esperamos que lo haga cardenal. Sea como Dios quiera... Don Garrone volverá para diciembre si lo dejan salir los del capítulo, con un primito suyo que se llama José Garrone...

      Don Gonzalo de San Martín espera ansioso una carta suya y siempre que me ve me dice: "El Padre Beraldi todavía no contestó a mi carta... ¿Te escribió?" Yo tengo que contestarle negativamente. Su sede está en Ivrea, colegio salesiano.

       Si no le es molesto, mis saludos y recuerdos al R. P. Pagliere, P. Angel y P. MeCabe.

Ceferino Namuncurá



Turín, octubre 9 de 1904

Sr. Faustino Firpo - Buenos Aires.
Carísimo S. Faustino:

     Con la presente le mando la medalla de alumno que le prometí antes de ausentarme de esas tierras queridas. Es una medalla que de un lado tiene la efigie veneranda de nuestro santísimo Padre Pío X, y de otro lado, la santa imagen de la Ssma. Virgen Inmaculada cuyo jubileo se conmemora en este año con toda la pompa y solemnidad en todo el orbe católico. Consérvelo como un recuerdo afectuoso del año jubilar de nuestra Madre la Sma. Virgen y de nuestro Padre Santo Pío X, al cual este, año el día 27 de septiembre tuve la máxima dicha y honor de postrarme a sus pies, y besarle su sagrado anillo y recibir en medio de la conmoción su santa apostólica bendición.

       Pláceme al mismo tiempo comunicarle y enviarle a Ud. y a su querida familia, la santa bendición del Supremo Jerarca de la Iglesia. Esto lo que puedo mandar de Roma.

      Dicha medalla, fue bendita por el mismo Papa y tocó la casulla que tenía puesta Don Bosco.

      No le he escrito antes, para aprovechar esta circunstancia de la partida de los misioneros para América y Buenos Aires. Espero de llenar lo mejor posible su más distinguido deseo.

      Hónrome saludar a su distinguida familia, y desear a Ud. y familia mucha salud, prosperidad y felicidad temporal y eterna.

      Soy de Ud. humilde servidor y amigo.

Ceferino Namuncurá

N. B.: - No he recibido carta suya.



Milán - 3 de octubre 1904

¡Viva Pío X!
¡Viva Jesús y María!
Istituto di Sant'Ambrogio di Milano
3 de octubre de 1904

Rmo. Pro Vicario de las Misiones
Pbro. D. Esteban Pagliere. - Viedma.
Rmo. Señor Pro Vicario


Me pesa mucho al tener la desgracia de escribirle tan tarde y darle una noticia tan consoladora después de casi 8 días en que sucedió. Pero vale más tarde que nunca, y confiado de que ya habrá recibido la carta que le mandó S. S. Ilma. el Sr. Arzobispo Mons. Cagliero el mismo día en que sucedió.

El 27 del pasado setiembre era admitido en audiencia por S. S. Pío X el Ilustrísimo Mons. Juan Cagliero con otros treinta Padres Superiores de las Casas Salesianas de América y, entre ellos "el hijo del Rey de las llanuras Patagónicas". (Así dicen los diarios de Roma).

A las diez horas y media a. m. tuvimos la máxima dicha de postrarnos ante los pies del Vicario de Cristo en la tierra. Yo tuve la gran fortuna de ser el primero, después de Mons. y Don Marengo, de besar el Sagrado Anillo a Su Santidad.

¡Ah, mi amado Padre, si hubiera estado presente en ese momento, hubiera podido comprender la bondad del Padre Santo! A ninguno dio a besar el pie. A todos, uno por uno, la mano veneranda. A mí me llenó de caricias. ¡Oh, qué amable el Santo Anciano del Vaticano!

Después que todos saludamos al Santo Varón, el mismo Santo Padre me hizo señas de que comenzara mi discursito, pues se lo había dicho antes Mons. Cagliero que yo diría algunas palabras en italiano.

Cuando empecé, todo lo hice sin sentir nada en el cuerpo. Pero después que estaba en la mitad, todo mi ser se puso, en movimiento; las piernas me temblaban, las manos igual, la voz se me perdía un poco en la garganta. Hasta que al fin, cuando me arrodillé para pedir la bendición a S. S. sobre mi persona, familia y para los indios de la Patagonia, se me aumentaron los temblores y las lágrimas saltaban a mis ojos; finalmente concluí, pero bien.

Y el Santo Padre, ¡con qué atención, amor y afabilidad me escuchaba! No quiso tampoco sentarse en su trono. Mons. le dijo que se sentara y El contestó: "Cosí in piedi sto bene. Lasciami stare". ¿Veis Padre qué bueno es? Después que yo acabé, El mismo me levantó y me habló, contestándome sobre lo que le había dicho; y aquí le diré casi tal como me lo dijo en italiano. Se lo traduzco en castellano, porqué* en italiano no lo puedo escribir bien: todavía no soy muy guapo para escribir en italiano. Pero ya lo hablo bastante bien.

He aquí las palabras del Padre Santo: "Bueno, hijo mío, te doy gracias por lo bien que hablas del Vicario de Cristo. Quiera el Señor que puedas poner en práctica todo lo que en él dices: de convertir a todos tus hermanos de la Patagonia en Jesucristo. Y yo, a este fin te doy de todo corazón mi Apostólica Bendición. Di a tu papá que el Santo Padre lo bendice a él, a toda su familia y a toda la gente que está en su poder. Dios te bendiga, hijo mío".

Mientras decía estas cariñosas y paternales palabras, yo no podía contener las lágrimas. ¡Oh cuánta bondad la del Padre Santo!

Después que me dirigió dichas frases habló a todos en general, agradeciendo la filial visita, e impartió su santa y apostólica bendición. Creerá quizá ahora que aquí habrá acabado la audiencia, pero tenga paciencia, amado Padre de seguirme donde yo lo conduciré por medio de la presente. Dada S. S. la bendición a todos, Mons. le presentó el plano de la nueva iglesia de San Carlos (Bs. As.), y le rogó que escribiera de su puño y letra su santa bendición sobre dicho plano. El bondadoso anciano con una sonrisa propia de un santo, de Padre amable hacia sus hijos, contestó con todo cariño de su alma: "Si, come no. Vengan in tanto avanti, tutti quanti". Y nosotros pasamos enseguida a otra sala, en su escritorio, y le hicimos corona. A su izquierda se sentó Mons. Cagliero y todos los demás en pie. Mientras escribía S. S., Mons. le dijo: "Cuanta bontá, Santo Padre!" y S. S. contestó: "Per questi figli miei. . . " Además de ser el Padre Santo cariñoso y amable, era también muy alegre. Aquí viene lo mejor y más precioso. Después que escribió su autógrafo en el plano indicado, Mons. Cagliero le presentó la carta de los Novicios y Aspirantes de Patagones, diciéndole: "Santitá, qui cé una lettera degli Novizi e Aspiranti della Patagonia, e pregano a Vostra Santitá di mandar loro la vostra santa benedizione". Su Santidad tomó en seguida la carta y sin leerla escribió en seguida su precioso autógrafo, impartiendo su santa bendición a todos los Superiores y Niños del Noviciado de Patagones que S. S. I. Mons. Cagliero la mandó en la misma tarde a Vuestra Reverencia.

Aquí le debo advertir que después de la audiencia y almuerzo salí con el Reverendo Padre Garrone a visitar las catacumbas de San Calixto y después paseamos por la ciudad toda la tarde y a la mañana siguiente a las nueve tomé el tren para Florencia, de modo que no he tenido tiempo de escribirle enseguida la carta. Vengamos a lo de antes. Concluido de satisfacer a los deseos de todos el amable Pío X, Mons. presentó a todos los Padres, uno por uno, diciéndole el lugar de destino: a todos tenía algo que decirles. ¡Cuánta bondad la del santo Santo Padre! Mientras todo estaba en calma, yo me repuse de nuevo y no lloré más, Aquí varios Padres pidieron varias gracias; como ser: el Padre Burlot pidió la facultad de dar la Bendición Papal a todos sus feligreses con indulgencia plenaria y todos los demás pidieron la misma cosa; el Padre Santo lo concedió. De modo que el Reverendo Padre Garrone, cuando vuelva a Viedma, dará la bendición Papal con indulgencia plenaria; a los que confesados y comulgados rogasen según la intención del Sumo Pontífice, podrán ganar dicha indulgencia. Después otros Padres pidieron la bendición de tal persona, de esta otra, como uno: bendición para el presidente de la Nación; otro para el Gobernador de tal provincia, otro, para al Arzobispo, Obispo, etc., etc. El Santo Padre dijo que dieran; es decir, comunicaran a todas las personas que tuvieran presentes en mente y corazón que el Santo Padre los bendecía a todos. De modo que yo puedo mandar la bendición del Padre Santo a cuantos conozco y quiero. Capisce?

Me había olvidado que Mons. Cagliero, al principio cuando entramos, presentó al R. P. Garrone, diciendo a S. S. que era el médico de la Patagonia con permiso de la Santa Sede y de la Nación Argentina, que hacía mucho bien a los habitantes de la Patagonia y que era muy querido y apreciado por todos... Don Garrone decía después que no se esperaba de ser tan alabado por un Arzobispo delante de S. S.

Continuando a lo de antes, todos pasamos nuevamente besando el sagrado anillo del Pescador, para despedirnos. Yo me quedé bien último en besar el Santo Anillo y S. S. me hizo una caricia: "Addio, caro figliuolo", me dijo con tanta dulzura. Antes de que salieran todos, cuando pasó el Padre Garrone a besar la mano del Padre Santo, éste le dijo: "0 mío Dottore, addio; Dio vi benedica". Después Don Güiseppe Vespignani, antes de salir dijo a S. S.: 'Santitá; lascia venire con no¡ in America il nostro Mons. Cagliero?" S. S. le contestó: "lo non so niente". Otro Padre le dijo: "Santitá, lo faccia nostro protettore ante la S. Sede?" Y el Santo Padre: "Questo si che é buono". Y después afuera todos. Ya habían salido todos los Padres y yo solo me quedaba un poco atrás. El Obispo que cuidaba a S. S., me llama y me dice: "Ti chiama Sua Santitá". Yo vuelvo atrás y me conduce al escritorio del Padre Santo que estaba sentado y buscaba una cosita. Yo me hinqué delante de S. S. y junté las manos. Finalmente S. S. sacó un rico estuche que contenía una medalla de plata. De un lado tenía el busto de S. S. Pío X, y del otro el mismo que indica a los fieles la Inmaculada. Le besé nuevamente la mano y me hizo una caricia. Le di las gracias y él con una dulce sonrisa me despidió. Yo salí de la estancia contento como un no sé qué decirle por el hermoso regalo; altro que hermoso: preciosísimo y santo recuerdo de un Vicario de Cristo, del que representa a Jesucristo mismo en la tierra.

Quizá me haya hecho este regalo porque yo le regalé un precioso quillango de guanaco que S . S. junto con Mons. Cagliero lo pusieron al pie del trono. Como quiera que sea, a mí me basta saber que el Papa muy rara vez hace regalo a uno. Si a mí me lo regaló será y demuestra que el Vicario de Cristo es muy bondadoso. Soy muy dichoso; tener la dicha de guardar un recuerdo del Rey Santo de los Católicos. ¡Sea Dios bendito por esto!

Este regalo será un honor muy grande para mi querida familia, para el Noviciado de Patagones: tener un compañero así distinguido por el Vicario de Cristo. Todo este honor lo depongo a los pies de mis queridos Superiores y compañeros del Colegio San Francisco Javier. No lo digo esto por soberbia, sino porque me glorío de pertenecer a la santa casa de buenos niños como son los de Patagones. Sigamos lo que he contado. Salí solito de la sala de audiencia y me fui a juntar con todos lo demás Padres. Aquí me rodearon todos y me preguntaron el por qué me había llamado el Padre Santo. Y yo mostré el estuche colorado, que en' la parte superior tenía el escudo papal, y lo abrí para que vieran la medalla. Mons. me dijo que era muy afortunado y así los demás Padres.
En fin, para acabar de hablar del Padre Santo, baste decirle que todos los Padres decían: "Es un Padre de los Salesianos. Es un gran Papa. Mejor no nos podía tratar y nosotros fuimos demasiado imprudentes. Nos hemos aprovechado de su bondad  Además, la audiencia duró media hora y algo más. Durante media hora hemos podido contemplar el rostro venerando,, amable y paternal de nuestro Santo Padre. Jamás me olvidaré de este día tan feliz. ¡Oh, qué bueno es el Padre Santo Pío X! ¡El Señor y la Virgen Inmaculada lo conserven por muchos años!...

Dicen que goza de una perfecta salud. Yo espero verlo nuevamente en San Pedro el día ocho de diciembre, cuando venga a pontificar en honor de la Inmaculada Concepción.

Después de visitar al Padre común de los fieles, Mons. Cagliero nos llevó al palacio del Cardenal Rampolla, para hacer una visita también a nuestro Protector ante la Santa Sede. El Emmo. Señor Cardenal estuvo muy contento de la visita y nos dió a todos su santa bendición y nos despedirnos, dirigiéndonos al Colegio del Sagrado Corazón, llegando allá a las doce y media.

Ahora, amadísimo Padre, para no ser más largo que el Passio del Viernes Santo, concluyo mi pobre relación, contento si satisfago en algo sus deseos. Ahora Mons. Cagliero se halla en Sicilia; el R. P. Garrone anda haciendo su jira de Nápoles, Venecia y Loreto y muchos otros lugares: volverá luego a Turín. Yo también he hecho mi jira; esta carta la escribo desde Milán.

Pasado mañana volveré a Turín y visitaré todas las casas salesianas de esa provincia. Después volveré nuevamente a Roma, y allí: "asiento Pastoral".

Acuérdese, amadísimo Padre, de este su humilde hijo en Jesús y María:

Ceferino Namuncurá

P.D.: Casi todos los diarios de Roma hablan mucho de mí, así como los de Turín. Dicen: el Príncipe Namuncurá Zeffirino, etc., etc.,lo que quieren decir de mí.


¡Viva Jesús y María!
Roma, septiembre 26 de 1904

Rmo. Señor Provicario D. Esteban Pagliere.
Muy Reverendo Padre:

Le escribo desde la capital del mundo Católico, desde la Ciudad Eterna.

Ansiamos todos el momento de ir a ver al Papa, a nuestro Santo Padre Pío X, y creo que la audiencia será mañana. No le escribo muchas cosas, porque lo dejaré para después de mi visita al Vicario de Cristo. Solamente le diré que, con el Rvdo. Doctor D. Garrone hemos visitado las Basílicas de San Pedro y San Pablo, Santa María la Mayor, muchos otros monumentos de la antigüedad, como ser Coliseos, templos paganos y jardines antiguos.

Nos quedan todavía muchas cosas de ver. Dios quiera que me quede en Roma a concluir mis estudios, y éste es mi único deseo.

Monseñor Cagliero está bien, como también el Rvdo. Padre Evasio Garrone.

Recuerdos a todos los Rdos. Padres Superiores. Rece al Señor y a la Virgen Auxiliadora por este.  Su humilde hijo en J. y M.

Ceferino Namuncurá

Nota. - Mons. Arzobispo Cagliero y e Rdo. P. Garrone saludan a todos y su bendición en compañía. Dios bendiga a todos.


Turín, agosto 24 de 1904

Sr. D. Faustino Firpo.
Muy distinguido señor:

El 13 del corriente mes, hemos llegado a esta simpática ciudad, El 10 llegamos a Génova, a las 4 de la tarde, y los dos días después de 24 días de feliz viaje que estuvimos en esa ciudad, los aprovechamos en visitar sus principales monumentos, iglesias, palacios, y su muy célebre campo santo.

¡Cuántas bellezas contiene esa ciudad! He quedado muy admirado al ver los monumentos del campo santo: todos de mármol... hay que verlos para cerciorarse bien. Si los quiere ver, no tiene nada más que cruzar el Océano Atlántico y visitarlo. ¿Está conforme con esto? ¡Quién sabe! Me parece que me diga: Y ¿la plata para ir? Sin quibus, no se hace nada. Es verdad, le contesto... Ahora, basta de bromas. Un poco más de noticias. Sígame en Í Turín. El 13, cuando llegamos, el Oratorio estaba de gran fiesta por la llegada de Monseñor Cagliero.

El Oratorio bien abanderado y con arcos triunfales por donde debía pasar el Arzobispo de Sebaste: la banda de música hacía resonar sus mejores melodías de su repertorio. Acompañaban éstas los vivas y aplausos de los mil niños del Oratorio. ' Para colmo de desgracia, también me aplaudieron y gritaron: ¡Viva el príncipe Namuncurá! Si le digo ésto, no porque me haya enorgullecido, sino porque somos amigos; y deseo que no diga nada a los del colegio. En seguida fuimos a saludar al Rmo. Sr. Don Rúa, el cual estaba un poco enfermo; me hinque y le besé la mano varias veces y él me llenó de caricias. Después de media hora de grata conversación nos retiramos...

El 14 fuimos con Monseñor a S. Benigno, distante 40 minutos de tren de Turín. Al mediodía fuimos al banquete que duró tres horas. Era esa fiesta: novecientos años de existencia del colegio con los benedictinos y 25 años con los salesianos; por lo tanto, Bodas de Plata. A la tarde, a las 6 hubo una academia literario musical a S. S. Ilma. Mons. Cagliero. A la mañana siguiente, volvimos a Turín. A las seis de la tarde empezó la academia y distribución de premios a los niños del Oratorio.

Ya he dado muchas vueltas por la ciudad de Turín. Por el centro, algunas calles son como las de Buenos Aires. Mons. Cagliero me llevó a visitar al Card. Richelmi, Arz. de la ciudad.

He visitado la armería real antigua, como a la romana, pero no caben más noticias. Basta. He rezado por Ud. y familia a la Virgen Auxiliadora para que Ella le haga más feliz.

Aquí le mando una estampita que la puse sobre la tumba de Don Bosco en Valsálice. La medalla la compré, es de aluminio, no sé si le agradará. Dios le bendiga.

Soy de Ud. S. S. y amigo

Ceferino Namuncurá



Colegio S. Francisco de Sales (Turín)
Agosto 16 de 1904

Rmo. P. Esteban Pagliere. - Viedma.

Muy reverendo Padre: Como le prometí en mi anterior carta, he aquí que cumplo mi promesa de escribirle lo más pronto posible.

Llegamos a Turín el trece del corriente a las diez y media de la mañana. El Oratorio estaba de gran fiesta por la llegada de Mons. Cagliero. Las hermosas banderas de varias naciones y los arcos triunfales añadían a la hermosura de la fiesta y el esplendor del colegio.

Ahora tengo que decir la verdad.   No faltó la banda del colegio, los vivas y nutridos aplausos de los mil niños al ilustre Arzobispo de Sebaste y... y... al hijo del Cacique Namuncurá.   Después de todo fuimos a saludar a Don Miguel Rúa el cual al vernos llenóse de consuelo.   Yo me hinqué delante de él como también el P. Garrone y de alegría asomáronseme las lágrimas a los ojos, al tener la dicha de saludar al santo sucesor de Don Bosco. Enteróse particularmente del estado de mi salud, estudio y familia. Me faltaban las palabras en este instante y El con caricias me consoló, ¡qué bondad la de Don Rúa! Estuvimos media hora conversando y al fin le besé la mano y me retiré con los demás Superiores. Fui al Santuario de María Auxiliadora y recé a la Sma. Virgen por todos y en este santo lugar también me saltaron las lágrimas y casi todas las veces que voy me sucede lo mismo. ¡Ah amado Padre! durante las funciones sagradas qué paraíso en este Santuario de la Virgen.

El quince, fiesta de la Asunción de nuestra Madre, la sagrada función de la tarde parecía un verdadero Paraíso terrestre. Mons. Cagliero vino a dar la Bendición Pontifical, la iluminación que había, las músicas que se oían, el órgano del Santuario... Es que no estoy más en la Patagonia. Basta con decir esto.

En dicho día no me olvidé de V. R. ante la Virgen Santísima Auxiliadora de Turín y en prueba de esto le mando la Virgen Auxiliadora con los santos que puse y coloqué un rato sobre la tumba de Don Bosco en Valsálice, como un recuerdo filial que le mando en el día de su onomástico.

Ahora le digo que el 14 fui con Monseñor a San Benigno Canavese. Hubo una gran fiesta. Eran las Bodas de Plata de dicho Colegio, 25 años de existencia.

Y el 15, en el Oratorio, además de la fiesta religiosa, hubo distribución de premios a los niños a las 6 de la tarde. Fue una función muy linda, en modo especial la parte musical.

Ahora acabo y dispense que le digo pocas cosas porque si le contara todas estas fiestas tendría para hacer un libro, porque han sucedido muchas otras cosas que la humildad no me lo permite. Se lo dejo a los diarios.

Acuérdese de mí en sus oraciones y me honro con declararme de V. R. S. S. S. y humilde hijo en J. y M.

Ceferino Namuncurá


Ospizio S. Vincenzo de Paoli, S. Pier D'Arena
11 de agosto de 1904

Rmo. Pbro. Don Esteban Pagliere. - Viedma.

Dios nuestro Señor, y nuestra celestial Madre Sma. Auxiliadora y nuestro Angel Custodio no podían concedemos ni favorecernos con un viaje tan feliz como el que hemos hecho.

Llegamos, pues, felizmente ayer a las 7 y media de la tarde a nuestro colegio salesiano, sanos y salvos de todo peligro.

Debo notarle, que aquí ya empezaron en mí las impresiones, las maravillas y demás cosas que me llaman la atención, la admiración que me causa al ver por primera vez nuevas tierras, el mundo viejo.

Desde Barcelona, donde subió el R. P. Bertagna para Italia con nosotros, fuimos costeando la tierra. Lo que admiraba era que en esas costas, nunca terminaban las casas, las pequeñas poblaciones cerca unas de otras como a la distancia de diez cuadras y cuanto más media legua.

En modo especial en las costas italianas. Una pequeña división y reunión de unas veinte o treinta casas, lo primero que se veía era la torre de la iglesia. En la última mañana del día 10, habré podido contar más de 200 iglesias, pues en cada división de colinas, médanos o montañas, habrá más de diez iglesias. ¡Oh, si la Patagonia tuviera tantas iglesias como aquí! ¡Sería el más feliz de todos!

¡Y Génova, qué bella vista presenta! ¡qué panorama! ¡qué bello golpe de vista! Esa ciudad, al pie de una colina, defendida toda con enormes cañones, que asustan al mirarlos, pues en algunas bocas de esos cañones, puede ir un hombre con su escoba y limpiarlo. Pero no puedo seguir, porque no soy geógrafo ni historiador para pintarla tal como es; además, no la he visitado todavía; no he pasado aún por sus calles. Lo cierto es que voy a procurar tarjetas postales para mandarle. No se las mando por correo, porque temo que no lleguen a sus manos.

Cuando vuelva el R. P. Garrone, le mandaré unas cuantas vistas de los países que he visitado.

Monseñor Cagliero está bien; el R. P. Garrone, perfectísimo, y yo mucho mejor. Ahora que ya estoy en Italia, creo que no me ha de faltar nada en adelante. El Señor y la Virgen Sma. Auxiliadora cuidarán de mi salud, me darán lo necesario para seguir mis estudios; en fin, lo que desea Don Bosco que tenga: salud, santidad y sabiduría.

De estas tres S, no me escaparé más. Bendito sea Dios y su santísima Madre.

Mándole los afectuosos saludos al R. P. Garrone, y deseámosle mucha salud y felicidad.

Ora pro me semper ad Dominum. Soy de V. R. S. S. y amigo.

Ceferino Namuncurá
En Génova


Las Palmas, agosto 4 de 1904

Muy Rdo. D. Esteban Pagliere.  Viedma.
Reverendísimo Padre:

Con el corazón hencido de alegría, escríbole estos pocos renglones.

El Señor no podía concedemos un viaje más feliz que hasta aquí hemos hecho, debido sin duda a las fervientes plegarias de los niños de Buenos Aires y Viedma.

Puedo decirle con verdad, que, desde que salimos de Viedma hasta aquí, hemos pasado de fiesta en fiesta que dedicaban al Ilmo. Arzobispo de Sebaste.

Cuando nos embarcarnos en Buenos Aires, vinieron a bordo del vapor " Sicilia" los Ilmos. y Rmos. Mons. Sabatucci, Boneo y Villanova Zans, muchos padres y señores de la alta aristocracia bonaerense. No puedo decirles quiénes eran porque andaba muy de prisa en llevar los bultos de Mons. y demás padres, y había tanta gente, que no se podía pasar con ligereza, tanto a tierra como en el vapor.

Al fin salimos de Buenos Aires a las 12 del día martes, 19 de julio. Al día siguiente a las 8 de la mañana llegamos a Montevideo.

Subieron allí el P. Camba con dos sacerdotes y un hermano. Antes del mediodía salimos de Montevideo y después de cuatro días de feliz viaje llegamos a Santos. Después de las 12, la banda del colegio salesiano de San Pablo vino a saludar a Mons. Cagliero con la marcha real italiana y el himno nacional brasilero y con varias marchas. No faltaron tampoco los calurosos discursos de despedida y feliz viaje acompañados de nuestros aplausos. Todo esto a bordo de nuestro piróscafo. A las cuatro de la tarde dejamos a tantas buenas gentes de Santos. A las 8 del día domingo siguiente, 24, llegamos a Río de Janeiro. Allí nos aguardaba otra sorpresa. Los niños todos en un vaporcito con su banda, vinieron a saludar al Ilmo. prelado de Sobaste. Un cooperador salesiano declamó un discurso de la gran ocho al venerando Pastor. Después bajó Monseñor y comitiva y fuimos a unirnos con los hermanos y niños del vaporcito y estuvimos con ellos hasta la una de la tarde. Monseñor no pudo bajar a tierra por falta de tiempo. Así es que la fiesta se hizo toda en el vaporcito. Los niños cantaron varios cantos con acompañamiento de la banda municipal a Monseñor, el cual estuvo muy satisfecho y contento de la pequeña demostración de amor filial de aquellos buenos hermanos y niños del Brasil.

A la hora señalada, subimos al vapor con el R. P. Peretto, con otros dos sacerdotes y un padre capuchino.

Así es, amadísimo P. Esteban, que pasamos bien todos los puertos que tocamos. Ahora todos los padres están bien, en modo especial el R. P. Garrone, el más valiente de todos. Yo no sufrí todavía mal del mar y me estoy poniendo cada vez más morrudo.

Quiera el Señor y la Virgen Auxiliadora sanarme del todo de una vez y que pueda algún día ver cumplidos mis santos y fervientes deseos. Vuestra Reverencia ruegue por mí, le suplico. Tenga la bondad, amado padre, de saludar a todos los superiores, hermanos y niños en general y decirles que Mons. Cagliero los bendice a todos de corazón y que nunca se olvida de esa santa casa, como también del noviciado, al que igualmente manda su bendición.

Cuando llegue a Turín le mandaré en seguida otra y al mismo tiempo le envío mi filial felicitación en ocasión de su cumpleaños.

Soy de V. R. afectísimo hijo en J. y M. y S, S. S.

Ceferino Namuncurá
Julio, 12 de 1904

N.B.: Todos los padres de a bordo le saludan y deséanle muchos años de vida.



¡ Viva Jesús, María y José!
Buenos Aires ( Almagro)  julio 18 de 1904

Rmo. P. Esteban Pagliere-Viedma:
Reverendísimo Padre:
Con muchísimo placer y gusto de mi alma saludo a V.R.

El R.P. Dr. E. Garrone me ha dicho de comunicar a V.R. que el doctor que irá por allá a ocupar su puesto es el Dr. Carlos M. Hildemann, médico cirujano. Dice que es muy bueno ese doctor.

Ahora un poco de crónica del día de ayer.  Ayer domingo se hizo una simpática fiesta en el colegio. Los Exalumnos del Colegio ofrecieron este día hermoso a S.S.I. Mons. Cagliero. No quiero tocar el comedor, pues ya es sabido que un banquete nunca falta en un día extraordinario como este de ayer.
En la academia literario-musical, se dijo discursos halagüeños y propios del acto. Después del discurso del Exalumno Angel Chiesanova Mons. tomó la palabra y durante su pequeño discurso arrancó lágrimas de sentimiento al numeroso auditorio, entre ellos también al Ilmo. Mons. Villanova Zans y R. P. Grotte. Monseñor muchas veces decía las palabras entrecortadas. Dijo también que a la República Argentina la llamaba él: " La Católica Argentina". Pues, había hablado con los dos primeros magistrados de la Nación y que ellos le habían prometido sostener siempre la Religión santa y ser siempre sumisos y fieles al Romano Pontífice Pío X, que pediría siempre al Santo Padre la Bendición Apostólica para la Nación y para las Misiones.

Para mañana 19, oí decir que se está organizando una solemne y concurrida despedida a Mons. Cagliero. Veremos el resultado. Quién sabe esta vez se hará ver la Argentina Católica, como verdadera Nación que respeta a los prelados que le honraron.

En otra carta le diré el resultado de la próxima despedida. Ruegue por mí al Señor y a la Virgen Auxiliadora.

Saludos a todos y Monseñor bendice a todos de corazón.

Soy de V.R.S.S.S. y amigo.

Ceferino Namuncurá



Colegio Pío IX, Buenos Aires ( Almagro)
Julio 12 de 1904

R. P. Augusto Crestanello.- Junín.
Amadísimo Padre:

Le escribo desde la Capital de la República Argentina y estoy de viaje para Italia.
Mons. Cagliero se enteró minuciosamente de la fe de mi bautismo y como yo le contestara que no lo sabía y había pedido a Ud. acerca de este asunto, me dijo que escribiera otra carta a vuestra Reverencia, para que V. R. hable con mi papá del asunto dicho y que le dé todos los datos posibles. Que diga claramente el día, si puede, el año, sobre todo, en que nací, el año en que fui bautizado, por que Padre y en qué lugar y el nombre que me pusieron.

Tenga paciencia, Padre Augusto, de tomarse esta molestia, y Mons. quiere que se lo mande lo más pronto que pueda de Italia, porque lo necesita y no quiere perder tiempo.

Eso porque, Dios mediante, estando yo en Italia, sucederán ocasiones muy urgentes en que es necesario presentar mi fe de bautismo; de lo contrario, no presentándola, no podré hacer bien mis cosas. Por ejemplo, si recibo la sotana en Italia, me perjudicará si no tengo mi fe de bautismo.

Me hará un grandísimo favor, Padre Augusto, si secunda mis deseos y los de Monseñor.

Rezaré por V.R. a la Virgen Auxiliadora de Turín y en la tumba de Don Bosco en Valsálice.

Salude a papá y consuélele. Soy de vuestra Reverencia humilde hijo en J. y M.

Ceferino Namuncurá
Julio, 12 de 1904



Colegio Pío IX, Buenos Aires ( Almagro)

Reverendísimo Presbítero
Don Esteban Paggliere.- Viedma.

Muy Reverendo Padre:

Tengo el honor de saludar a vuestra Reverencia con el mayor gusto y placer. Hoy llegamos a Buenos Aires después de un feliz viaje, gracias a las oraciones fervorosas de los Hermanos y Niños de esa santa Casa.

En la estación Constitución nos vino a recibir el R.P. Milano y el R.P. Cristóbal Baglietto con dos exalumnos del colegio, uno de ellos era el Presidente de la misma Asociación.

Encontré aquí en el Colegio mucho niños conocidos del año 1902, los cuales me saludaron cortésmente y me acompañaron durante los recreos. Me preguntaron de vuestra reverencia tanto los hermanos como los niños, preguntándome el estado de su salud. Y contestéles que Vuestra Reverencia se hallaba muy bien y que gracias a Dios había empezado ya su tarea apostólica con mucho celo y actividad.

He oído que a Mons. se le preparan lindas fiestas. El domingo habrá una linda y hermosa fiesta en el Colegio.

Saldremos para Italia el martes 19 del corriente con los siguientes: Monseñor, Padre Inspector, P. Garrone, señor Luis Blanco, P. Burlot, Do. Pedro Torrero y Ceferino.

Los Padres, Hermanos y niños de esta santa morada, están todos buenos y le saludan respetuosamente.

Yo estoy bien también y ruego a vuestra reverencia que no se olvide de mí en sus fervorosas oraciones para que pueda hacer un felíz viaje y que pueda volver con salud y sotana.

De mi parte le prometo no olvidarme de vuestra reverencia que no se olvide de mí en sus fervorosas oraciones para que pueda hacer un feliz viaje y que pueda volver con salud y sotana.

De mi parte le prometo no olvidarme de vuestra reverencia en mis pobres plegarias, especialmente anta la Virgen Santísima Auxiliadora de Turín y en la tumba de Don Bosco en Valsálice.

Soy de V.R.S.S.S.S y afmo. Hijo en J.J.M.

Ceferino Namuncurá

Julio, 12 de 1904



¡ Viva Jesús, María y José!
Viedma, junio 23 de 1904.

R. P. Juan Beraldi, Pbro.

Cumplo con el deber de amor y gratitud que debo a V. R. por medio de esta humilde cartita.  Mañana es el día de su onomástico, día de su santo protector muy querido, San Juan Bautista.

Quisiera ser un gran orador para demostrarle mi mucho agradecimiento, pero no lo soy y aunque lo fuera no bastaría para cumplir y satisfacer todo entero su amor, benevolencia y cariño que hacia mi humilde y pobre persona tiene V. R. ¿ Podré yo numerar los favores que día a día me hago deudor, especialmente los favores espirituales de vuestra Reverencia?

Ciertamente, que no, es imposible. Y ¿ qué haré? ¿ Le regalaré muchos dineros? No. ¿Muchas y grandes extensiones de campo? Tampoco. ¿ Muchos animales de todas clases? Menos, porque ninguno de esos bienes poseo. Acudiré a Cosas Superiores. ¿ Haré la Santa Comunión por vuestra Reverencia? Sí. ¿ Muchas oraciones? Perfectamente.

Esto me contesta mi ángel Custodio. Y me sugiere que lo segundo le agrada mucho más a su reverencia que si le hubiera dado todos los primeros.

Reciba, amadísimo Padre, mis felicitaciones, muchas prosperidades y bendiciones del Todopoderoso y El se digne concederle muchos años de vida para bien de la humanidad.
Agradézcole de todo corazón por los preciosos regalitos de crucifijos, medallitas, estampitas y demás chiches que me dio a manos llenas en este corto tiempo que está en esta santa casa.

Preséntole al mismo tiempo los agradecimientos de mi pobre familia que habita en Junín de los Andes por los favores espirituales que V.R. dignóse hacerles en el año 1901 estando en Misión. Ruégole filialmente que no se olvide en sus fervorosas oraciones en modo especial en la Santa Misa.

A este su humilde hijo en Jesús y María.

Ceferino Namuncurá

N.B: - Pase muy buena fiesta.
¡¡¡Viva San Juan Bosco!!!


¡ Viva Jesús, María y José!
Viedma, junio 14 de 1904.

R. P. Augusto Crestanello
Junín de los Andes.

Amadísimo Padre:

Tengo el honor de dirigirle esta humilde cartita y saludarle con el mayor respeto. El objeto de la presente es para pedirle un favor, como verá adelante. Necesitaría que consultara a mis queridos padres sobre el asunto importante de encontrar la fe de mi bautismo. Porque ya varias veces hemos buscado aquí en Viedma, en los libros bautismales de misiones, y no la hemos encontrado.


Primero, que yo antes no me llamaba con el nombre de Ceferino sino con el de Morales. Y tengo miedo que mis queridos padres antes de llamarme  Morales como hizo mi papá, cuando íbamos a Buenos Aires, que en el viaje me lo cambió y llamóme Ceferino y desde esa vez tuve este nombre.

Me hará un grandísimo favor, mi apreciado Padre, si consigue hallar la fe de mi bautismo, porque me es muy necesaria. Muchas veces me preguntan el día de mi nacimiento, los años que tengo, etc., y no sé lo que contestar.

Desde ya agradézcole este favor y rogaré mucho al Señor para que le conceda muchas felicidades espirituales y corporales.

Aquí están todos buenos, gracias a Dios. Mons. Cagliero, Arzobispo de Sebaste, vendrá pronto a esta Santa Casa. Para el 24 del corriente ya estará aquí, así lo esperamos.

El R.P.B. Vacchina se halla en Buenos Aires, para ir después a Chubut. Otras noticias no tengo para manifestarle, tan sólo que las guerras entre Rusos y Japoneses son deshechas.

Tenga la bondad al mismo tiempo de comunicar mis recuerdos y saludos a mis padres y hermanos y que estoy mejor.

Muchos recuerdos de los RR.PP. y Hermanos de esta santa morada a vuestra reverencia.
Me encomiendo a sus fervorosas oraciones y por segunda vez salúdalo atte. y S.S. y humilde servidor.

Ceferino Namuncurá







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