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jueves, noviembre 15, 2012

Beatificación de la Hermana Hermana María Crescencia Pérez

La religiosa de la congregación de las Hijas de María Santísima del Huerto ya es una nueva beata de la Iglesia, proclamada hace instantes por el delegado papal, cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.



María Angélica Pérez nació en San Martín, provincia de Buenos Aires, el 17 de agosto de 1897. En 1905 su familia se mudó a Pergamino, y dos años después, junto a una de sus hermanas, ingresó al "Hogar de Jesús". En esta institución educativa, a cargo de la Congregación de las Hermanas del Huerto, permaneció pupila hasta fines de 1915. Sintiendo el llamado del Señor a seguirlo más de cerca, ingresó al noviciado en la Casa Provincial de las Hermanas del Huerto en Villa Devoto, Buenos Aires. Un año después, con la vestición del hábito religioso, comenzó a llamarse Hna. María Crescencia, en honor del santo mártir Crescencio, cuyas reliquias fueron colocadas en el altar mayor de la capilla de la Casa Provincial.

La Congregación fue fundada en Chiávari (Italia) por San Antonio María Gianelli el 12 de enero de 1829 con el fin de responder a una necesidad propia de su tiempo como fue “la de proveer buenas maestras y directoras a las pobres huerfanitas” y con un programa muy preciso: “Hacer el bien, siempre el bien… con una caridad sin fronteras y sin límites”. Esto se traduce en amor y servicio a los hermanos en escuelas, hospitales, hogares, misiones y en toda obra de bien mirada desde el carisma propio de la Caridad Evangélica Vigilante.
La Hermana Crescencia, luego de hacer su primera Profesión Religiosa en 1918, fue enviada al Colegio del Huerto en la ciudad de Buenos Aires , donde enseña el catecismo y da clases de labores a las niñas pupilas y externas. Siempre pronta para cumplir la voluntad de Dios fue enviada para seguir prestando su servicio en el ámbito asistencial a fines del año 1924. Viajó a Mar del Plata, al Sanatorio Marítimo, donde es responsable del cuidado y educación de las niñas con tuberculosis ósea. A partir de ese momento, su compromiso con los enfermos será una constante en su labor, tanto que a consecuencia de ello, contrajo una seria afección pulmonar.

En Mar del Plata permaneció hasta 1928 cuando, a causa de este frágil estado de salud, sus superiores deciden enviarla a Vallenar (al norte de Chile), donde el clima sería más benévolo. Continúa allí, junto a las Hermanas de la Comunidad, trabajando por y para los enfermos internados en el hospital Nicolás Naranjo. En Valllenar, Chile, en 1932, María Crescencia murió serenamente y en concepto de santidad.

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